Te quiero mucho,
aunque lo diga poco,
te quiero tanto...
Aunque me vuelvas loco
Quiero ser libre
encerrado entre tus brazos
vivir contigo
juntos a cada paso
Y compartir para crecer
cada momento del mañana, del presente y del ayer..
Y con final original
volver a ver, volver a ser la luz preciosa de un atardecer.
Puedo girar hasta volar,
puedo soñar con claridad
desde que estás,
aquí...
Puedo saltar dentro del mar
puedo volar, puedo explotar
desde que estás
en mí...
Te quiero mucho,
aunque lo diga poco,
te quiero tanto...
Aunque me vuelvas loco
Quiero ser libre
encerrado entre tus brazos
vivir contigo
juntos a cada paso
Por la mañana
tostadas con café,
y por las tardes
sonrisas en el té
cada segundo,
cada gesto,
Cada instante,
que me des.
para que 32 sean 33
y así otra vez...
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jueves, 1 de febrero de 2018
domingo, 10 de diciembre de 2017
Cada vez valoro más...
Puestos a valorar, cada vez valoro más algunas cosas que parecen sencillas o evidentes, pero en realidad son auténtica sangre de unicornio. ¿No te pasa?
Cada vez valoro más a la gente que no critica. Incluso la que no comenta o no tiene la necesidad de hablar de los demás, ni siquiera para bien, porque demuestran que tienen una realidad propia y cosas que contar. demuestran que viven para algo.
Cada vez valoro más a esas personas que saben guardar un secreto, esas que respetan la intimidad y la privacidad y que no necesitan que les digas que es un secreto. ¿Nunca te ha preguntado alguien por algo personal que supuestamente nadie debería saber salvo a quién se lo comentaste? :P
Cada vez valoro más a la gente que no te cuenta su agenda, y que aprovecha cualquier conversación para divertirse. La gente que no tiene la necesidad de cumplir ni de quedar bien, la gente que realmente te ayuda a disfrutar de la vida con sólo mirarla a la cara.
Cada vez valoro más a la gente que cambia por decisión y lo hace para mejor. La gente que hace deporte, que madruga, que come sano, a que tiene éxito en base a su esfuerzo, más allá de situaciones heredadas.
Cada vez valoro más a la gente que no cambia por factores externos, a la que no cambia cuando tiene pareja, cuando se casa, cuando tiene hijos, cuando cambia de ciudad, cuando cambia de trabajo, cuando tiene más o menos éxito profesional, cuando tiene más o menos en el bolsillo.
Cada vez valoro más a la gente que coge el teléfono y que contesta a los mensajes.
Cada vez valoro más a la gente que educada, a la que no abusa de la confianza, a la siempre que puede: escatima en pedir un favor, a la que no da nada por hecho, a la que pregunta antes, a la que da las gracias, a la que usa el por favor.
Cada vez valoro más a la gente equilibrada, a la que no confunde sinceridad con crueldad, a la que no le sobran ni le faltan preguntas, a las que dan aliento a los demás sin olvidarse de si mismos...
Cada vez valoro más a las personas que hacen cosas. Mejor o peor, las hacen, no las piensan, no las cuentan, no apuntan ideas en una libreta, son personas que dedican su tiempo a convertir sus pensamientos en realidad, frente a las miradas y dedos índices de los que no hacen nada por el miedo a ser vistos tal y como ellos miran.
Cada vez valoro más a la gente humilde, no a los falsos modestos y no a los ocultos altivos. Gente que sabe sus defectos y sus virtudes. Gente a la que no les importa mostrar lo que son, pese a no ser lo que querrían ser...
Cada vez valoro más a las personas que ven más allá del envase. A los que saben diferenciar la calidad de los contenidos, independientemente de que los continentes sean o no de su gusto. Esas personas que valoran más allá de la ropa, la clase social, el peinado, la marca, o el aditivo. Esas personas que ven la calidad y no la enmascaran con el precio.
Cada vez valoro más a la gente que se adapta, gente que lo hace no porque no tenga una opción propia, no porque no tenga opinión o capacidad de decisión, sino que ceden en un generoso gesto, se acomodan y disfrutan de lo hay.
Cada vez valoro más a la gente que no es hipócrita, y que pese a decirte lo que piensan o pese a pensar distinto no hacen de esto un conflicto.
Cada vez valoro más a las personas que solucionan problemas, a las que hacen la vida más eficiente y más fácil.
Cada vez valoro más a la gente que confía en la gente, a las personas que valoran a la gente que es mejor que ellos en algún ámbito o labor y confían en su liderazgo. a las personas que confían en que se puede mejorar, y no disfrutan de la mediocridad innecesaria, la mediocridad perezosa.
Cada vez valoro más a la gente que imagina, a la gente que crea, a la que despierta algo en los demás, a la que hace pensar, a la que hace disfrutar, a los que componen la vida.
Cada vez valoro más a las personas que admirar en lugar de envidiar, a los que se alegran de verdad y no miden sus metas en base a las metas del vecino, ni sus goles ni sus faltas.
Cada vez valoro más a la gente que tiene clase, que saben estar, da igual donde, da igual con quien, da igual con qué o con cuanto. Y también valoro cada día más a la gente que valora que lo que es tener clase.
Cada vez valoro más a los que leen pequeños desahogos sin imágenes.
Cada vez valoro más a la gente que no critica. Incluso la que no comenta o no tiene la necesidad de hablar de los demás, ni siquiera para bien, porque demuestran que tienen una realidad propia y cosas que contar. demuestran que viven para algo.
Cada vez valoro más a esas personas que saben guardar un secreto, esas que respetan la intimidad y la privacidad y que no necesitan que les digas que es un secreto. ¿Nunca te ha preguntado alguien por algo personal que supuestamente nadie debería saber salvo a quién se lo comentaste? :P
Cada vez valoro más a la gente que no te cuenta su agenda, y que aprovecha cualquier conversación para divertirse. La gente que no tiene la necesidad de cumplir ni de quedar bien, la gente que realmente te ayuda a disfrutar de la vida con sólo mirarla a la cara.
Cada vez valoro más a la gente que cambia por decisión y lo hace para mejor. La gente que hace deporte, que madruga, que come sano, a que tiene éxito en base a su esfuerzo, más allá de situaciones heredadas.
Cada vez valoro más a la gente que no cambia por factores externos, a la que no cambia cuando tiene pareja, cuando se casa, cuando tiene hijos, cuando cambia de ciudad, cuando cambia de trabajo, cuando tiene más o menos éxito profesional, cuando tiene más o menos en el bolsillo.
Cada vez valoro más a la gente que coge el teléfono y que contesta a los mensajes.
Cada vez valoro más a la gente que educada, a la que no abusa de la confianza, a la siempre que puede: escatima en pedir un favor, a la que no da nada por hecho, a la que pregunta antes, a la que da las gracias, a la que usa el por favor.
Cada vez valoro más a la gente equilibrada, a la que no confunde sinceridad con crueldad, a la que no le sobran ni le faltan preguntas, a las que dan aliento a los demás sin olvidarse de si mismos...
Cada vez valoro más a las personas que hacen cosas. Mejor o peor, las hacen, no las piensan, no las cuentan, no apuntan ideas en una libreta, son personas que dedican su tiempo a convertir sus pensamientos en realidad, frente a las miradas y dedos índices de los que no hacen nada por el miedo a ser vistos tal y como ellos miran.
Cada vez valoro más a la gente humilde, no a los falsos modestos y no a los ocultos altivos. Gente que sabe sus defectos y sus virtudes. Gente a la que no les importa mostrar lo que son, pese a no ser lo que querrían ser...
Cada vez valoro más a las personas que ven más allá del envase. A los que saben diferenciar la calidad de los contenidos, independientemente de que los continentes sean o no de su gusto. Esas personas que valoran más allá de la ropa, la clase social, el peinado, la marca, o el aditivo. Esas personas que ven la calidad y no la enmascaran con el precio.
Cada vez valoro más a la gente que se adapta, gente que lo hace no porque no tenga una opción propia, no porque no tenga opinión o capacidad de decisión, sino que ceden en un generoso gesto, se acomodan y disfrutan de lo hay.
Cada vez valoro más a la gente que no es hipócrita, y que pese a decirte lo que piensan o pese a pensar distinto no hacen de esto un conflicto.
Cada vez valoro más a las personas que solucionan problemas, a las que hacen la vida más eficiente y más fácil.
Cada vez valoro más a la gente que confía en la gente, a las personas que valoran a la gente que es mejor que ellos en algún ámbito o labor y confían en su liderazgo. a las personas que confían en que se puede mejorar, y no disfrutan de la mediocridad innecesaria, la mediocridad perezosa.
Cada vez valoro más a la gente que imagina, a la gente que crea, a la que despierta algo en los demás, a la que hace pensar, a la que hace disfrutar, a los que componen la vida.
Cada vez valoro más a las personas que admirar en lugar de envidiar, a los que se alegran de verdad y no miden sus metas en base a las metas del vecino, ni sus goles ni sus faltas.
Cada vez valoro más a la gente que tiene clase, que saben estar, da igual donde, da igual con quien, da igual con qué o con cuanto. Y también valoro cada día más a la gente que valora que lo que es tener clase.
Cada vez valoro más a los que leen pequeños desahogos sin imágenes.
jueves, 19 de octubre de 2017
Esperar, olvidar, morir, cambiar y volar.
Esperar,
hay que esperar
pero sólo lo que ocurra,
y mientras llega,
hacer caso
a los antojos más correctos,
sin que la vida,
que fluye,
se escurra.
Olvidar
no hay que olvidar,
ni los éxitos,
ni fracasos,
pues asumir,
disfrutar y aprender,
forman tan parte del vaso
como las gotas,
que lo colman
a destajo.
Morir,
hay que morir,
cada día un poco más,
con el afán de ser,
y disciplina al renunciar,
que no siempre
es lo que es,
que no vive
el que no muere,
ni no yace
el que pace.
Cambiar
hay que cambiar
para poder vivir,
para poder nacer,
y para ser,
más camino
que destino.
más recuerdo
menos cuerdo,
que la tangible
inteligencia
es en cienca
"adaptativo".
Volar,
no todos pueden volar
ni el que vuela
señalar
mientras lo hace:
ni otros vientos,
ni otras almas,
ni otras aves,
ni saber sabe
si subirá
o bajará
quien lo acompañe.
hay que esperar
pero sólo lo que ocurra,
y mientras llega,
hacer caso
a los antojos más correctos,
sin que la vida,
que fluye,
se escurra.
Olvidar
no hay que olvidar,
ni los éxitos,
ni fracasos,
pues asumir,
disfrutar y aprender,
forman tan parte del vaso
como las gotas,
que lo colman
a destajo.
Morir,
hay que morir,
cada día un poco más,
con el afán de ser,
y disciplina al renunciar,
que no siempre
es lo que es,
que no vive
el que no muere,
ni no yace
el que pace.
Cambiar
hay que cambiar
para poder vivir,
para poder nacer,
y para ser,
más camino
que destino.
más recuerdo
menos cuerdo,
que la tangible
inteligencia
es en cienca
"adaptativo".
Volar,
no todos pueden volar
ni el que vuela
señalar
mientras lo hace:
ni otros vientos,
ni otras almas,
ni otras aves,
ni saber sabe
si subirá
o bajará
quien lo acompañe.
viernes, 15 de septiembre de 2017
Aquí sigo
Aquí estoy por no hacer el gesto de irme,
por si me entran ganas de quedarme,
que aunque de verdad no las tengo,
las espero.
Con gestos mediocres, que aspiran a correctos,
con el alma diluida al 60% y una cordialidad apática,
teñida de imprecisas inter-prestaciones de malos modos.
Con presentaciones pendientes, y reflexiones constantes,
con silencio viandante y sensato proceder,
sin leer más que lo no dicho y esperando oír silencio.
Me salva el carácter, airadamente curioso y observador,
y las ayudas mínimas. Mal visto por unos,
alabado por otros, pues siempre han habido bandos.
Inspirado en recoger los mínimos detalles,
para construir acuerdos culturales
y pintar destellos de cordura.
Demandando gris al ébano y a la sal,
sin perder el verde bajo guía.
Aquí sigo, cantando bajito
y escribiendo en voz alta susurros en html,
presopensador por circustancias circunspecto.
Añorando fuegos lentos, guisos y nanas,
guiños y sopas bobas, con la sensación de un largo paréntesis
que una vez abierto volverá a ser lo que fue,
Aquí sigo porque no veo el signo que delimite lo ideal,
y queda aguardar hasta que reparen el faro,
o hasta que muden el acantilado
Ilusionado en que quizás el ikea preste sus instrucciones
y su carriles para recorrer la vida y que lo fabrique todo
con elementos falsamente reciclados.
Aquí sigue el anciano frente a la obra,
rompiendo mallas y el calendario,
en sorprendente equilibrio.
Autodeterminado a facer lo propio,
desechando lo falto por etiquetar de lo mejor,
y dispuesto a defender el desecho.
Aquí sigo porque quiero,
porque quiero seguir aquí,
hasta saber donde estoy.
por si me entran ganas de quedarme,
que aunque de verdad no las tengo,
las espero.
Con gestos mediocres, que aspiran a correctos,
con el alma diluida al 60% y una cordialidad apática,
teñida de imprecisas inter-prestaciones de malos modos.
Con presentaciones pendientes, y reflexiones constantes,
con silencio viandante y sensato proceder,
sin leer más que lo no dicho y esperando oír silencio.
Me salva el carácter, airadamente curioso y observador,
y las ayudas mínimas. Mal visto por unos,
alabado por otros, pues siempre han habido bandos.
Inspirado en recoger los mínimos detalles,
para construir acuerdos culturales
y pintar destellos de cordura.
Demandando gris al ébano y a la sal,
sin perder el verde bajo guía.
Aquí sigo, cantando bajito
y escribiendo en voz alta susurros en html,
presopensador por circustancias circunspecto.
Añorando fuegos lentos, guisos y nanas,
guiños y sopas bobas, con la sensación de un largo paréntesis
que una vez abierto volverá a ser lo que fue,
Aquí sigo porque no veo el signo que delimite lo ideal,
y queda aguardar hasta que reparen el faro,
o hasta que muden el acantilado
Ilusionado en que quizás el ikea preste sus instrucciones
y su carriles para recorrer la vida y que lo fabrique todo
con elementos falsamente reciclados.
Aquí sigue el anciano frente a la obra,
rompiendo mallas y el calendario,
en sorprendente equilibrio.
Autodeterminado a facer lo propio,
desechando lo falto por etiquetar de lo mejor,
y dispuesto a defender el desecho.
Aquí sigo porque quiero,
porque quiero seguir aquí,
hasta saber donde estoy.
¿Qué pasaría?
¿Qué pasaría si al decir, dijéramos?
Qué pasaría si la verdad fuera la norma
y la honestidad y la humildad en el trato,
de a diario...
Si sólo alguna vez de domingo,
nos mostráramos vacíos, tercos e insustanciales.
Ojalá cada roce hiciera el cariño,
y cada huracán fuera de pasión
y trajera vientos nuevos.
¿Qué pásaría si te esforzaras cada día?
Si pudieras divertirte por el camino, y
sentir orgullo del paseo, en lugar del destino...
Me encantaría que los impulsos terminaran
su fiel servicio al caos y la masacre,
y se convirtieran en decisiones instantáneas
para hacer el bien a los demás y a uno mismo.
¿Qué pasaría si todos saltaramos a la vez?
Si lo hiciéramos para ponernos en frente
de cualquier fabricante de armas.
Qué pasaría si en lugar de mirar una pantalla
miráramos la piel, unos ojos y un alma.
Qué pasaría si entendiéramos que para que alguíen tenga un ferrari
hay miles de personas sin nada, que los castillos y feudos
son el mismo embudo que los yates y las vidas de 7 estrellas,
y ¡no merece la pena!
¿Qué pasaría si dejáramos de ponernos el disfraz de causa global?
Si nos concentráramos en tirar la botella en el amarillo cada día,
si apagamos la estufa y la luz al salir,
si fuéramos educados con los demás, no como finalidad,
sino como contaminante ejemplo continuo...
Qué pasaría si dejáramos de buscar dónde,
y empezáramos a sentir orgullo del aquí y el ahora,
si valoráramos la oportunidad lo suficiente para llevarla a cabo,
en lugar de seguir defendiendo ideas y sueños,
y no hacer nada para materializarlos.
Qué pasárias si le dedicáramos menos tiempo todo,
¿tendríamos más tiempo libre,
o seríamos libres más tiempo...?
Qué pasaría si la verdad fuera la norma
y la honestidad y la humildad en el trato,
de a diario...
Si sólo alguna vez de domingo,
nos mostráramos vacíos, tercos e insustanciales.
Ojalá cada roce hiciera el cariño,
y cada huracán fuera de pasión
y trajera vientos nuevos.
¿Qué pásaría si te esforzaras cada día?
Si pudieras divertirte por el camino, y
sentir orgullo del paseo, en lugar del destino...
Me encantaría que los impulsos terminaran
su fiel servicio al caos y la masacre,
y se convirtieran en decisiones instantáneas
para hacer el bien a los demás y a uno mismo.
¿Qué pasaría si todos saltaramos a la vez?
Si lo hiciéramos para ponernos en frente
de cualquier fabricante de armas.
Qué pasaría si en lugar de mirar una pantalla
miráramos la piel, unos ojos y un alma.
Qué pasaría si entendiéramos que para que alguíen tenga un ferrari
hay miles de personas sin nada, que los castillos y feudos
son el mismo embudo que los yates y las vidas de 7 estrellas,
y ¡no merece la pena!
¿Qué pasaría si dejáramos de ponernos el disfraz de causa global?
Si nos concentráramos en tirar la botella en el amarillo cada día,
si apagamos la estufa y la luz al salir,
si fuéramos educados con los demás, no como finalidad,
sino como contaminante ejemplo continuo...
Qué pasaría si dejáramos de buscar dónde,
y empezáramos a sentir orgullo del aquí y el ahora,
si valoráramos la oportunidad lo suficiente para llevarla a cabo,
en lugar de seguir defendiendo ideas y sueños,
y no hacer nada para materializarlos.
Qué pasárias si le dedicáramos menos tiempo todo,
¿tendríamos más tiempo libre,
o seríamos libres más tiempo...?
martes, 5 de septiembre de 2017
In front of the grass
Y si el horizonte siempre fuera verde
y las compañías se convirtienran en campañas,
si en la campiña cortara el césped...
¿Cuál sería la grama y cual la broza?
Y si los techos fueran más altos que las miras,
si los humos descendieran frente al valor
y no diera calor la chimenea.
Quién cegaría las miradas sinceras
y abandonaría la partida de ajedrez.
Y si la historia tuviera castillos y dobles alturas,
si cada rincón estuviera pensado para una escena del cuento
y las todas las piezas fueran de un juego.
Y si el ruido del cuerpo despareciera frente a la belleza de la estampa,
y si contemplarla fuera la mejor de las terapias
y en cada vistazo te sintieras más verde
junto al mejor café...
Y si todo lo que creías saber sobre los paisajes desapareciese,
y las escenas parecieran revelar más verdad,
y si el perfume fuera de un nuevo comienzo, frente a la admiración de unos
y la envidia de otros.
Y si nada es tan verdad como lo que siente la piel,
y si el sol sólo se asomara para hacer cálida la historía,
para que la brisa fuera perfecta...
Y si ese vasto cuadrado de césped,
supiera mucho más de ti mismo que nadie en el mundo.
y las compañías se convirtienran en campañas,
si en la campiña cortara el césped...
¿Cuál sería la grama y cual la broza?
Y si los techos fueran más altos que las miras,
si los humos descendieran frente al valor
y no diera calor la chimenea.
Quién cegaría las miradas sinceras
y abandonaría la partida de ajedrez.
Y si la historia tuviera castillos y dobles alturas,
si cada rincón estuviera pensado para una escena del cuento
y las todas las piezas fueran de un juego.
Y si el ruido del cuerpo despareciera frente a la belleza de la estampa,
y si contemplarla fuera la mejor de las terapias
y en cada vistazo te sintieras más verde
junto al mejor café...
Y si todo lo que creías saber sobre los paisajes desapareciese,
y las escenas parecieran revelar más verdad,
y si el perfume fuera de un nuevo comienzo, frente a la admiración de unos
y la envidia de otros.
Y si nada es tan verdad como lo que siente la piel,
y si el sol sólo se asomara para hacer cálida la historía,
para que la brisa fuera perfecta...
Y si ese vasto cuadrado de césped,
supiera mucho más de ti mismo que nadie en el mundo.
viernes, 1 de septiembre de 2017
Decepción
Cubierto de hierro y de alma,
Pensando pesado en el más alto balcón, como abrir la salida de emergencia.
Sin poder ver la estela, como un ciego en travesía de tormenta, guiado por un profundo Alzheimer, incapaz de recordar, lo vivido, lo soñado y lo sabido.
Con severo malestar como la peor de las resacas, de los desmedidos sentimientos embriagados de insensatez.
Perdido como el sudor de los hombres en el mar o su decencia en el bar. Bajo una presión constante, sin concepción de atmósfera.
Pensando pesado en el más alto balcón, como abrir la salida de emergencia.
Sin poder ver la estela, como un ciego en travesía de tormenta, guiado por un profundo Alzheimer, incapaz de recordar, lo vivido, lo soñado y lo sabido.
Con severo malestar como la peor de las resacas, de los desmedidos sentimientos embriagados de insensatez.
Perdido como el sudor de los hombres en el mar o su decencia en el bar. Bajo una presión constante, sin concepción de atmósfera.
lunes, 28 de agosto de 2017
Tengo miedo
Tengo miedo de que el bien y el mal sean la misma cosa,
quizás el yin y el yang, sólo sea gris,
como el alma de las personas tristes
o las sensatas decisiones que huyen del negro y del blanco...
A lo desconocido, pero también a lo conocido,
a la ausencia de perpetuo, ese confortable estado sin nacionalidad,
sin rumbos, ni compañía ni comunicaciones decentes...
De saber que todas las decisiones son correctas,
y que aún así siguen equivocadas,
de perder lo que no tengo, por creer tenerlo
sin haberlo conocido...
Tengo miedo del odio, del rencor, de la desdicha infundada,
de la falta de educación y entendimiento,
de la infección oculta que no supura,
de los jarrones rotos que no se curan...
Por perder parte de mí, en cada una de las personas que me recibieron,
de ganar una batalla en la que no participo,
esquivando palabras y actos metrallas tintados con pólvora de hada...
Con las compañías adecuadas para los peores fines,
dando infames promesas de nuevo porvenir,
y no sentir más que ausencia, mientras echo de menos la correcta soledad...
Si dejo de desconocer a las personas con las que compartí el camino,
que agreden violentamente a una estadística de pasos que no llevaron a grandes sitios
y que lucen como fotos y recuerdos vanos,
para señalar el trofeo de cazar la libertad y coronarla de espinas...
De la vida que me ha dado tanto para aprender,
de la nostalgia a la ignorancia, de saber y abandonar lo secundario...
De cerrar las curvas líneas de contacto, y obviar el círculo.
los más curiosos lectores, perecerán de misterio hasta ascender al olvido
en una especie de Valhalla para necios que creyeron discutir al conocerse...
De olvidar la voz, las sonrisas y los buenos gestos, por los gritos, los llantos y los malos gestos,
y volverme ocre,
de tenerme que vestir de colores para sentir alegría,
De que me importen opiniones que no sean la mía...
De sumar nuevos sueños a los que ya me persiguen,
de desenterrar hachas y recuerdos, y espejos en los que zozobrar por cambios de imagen, de estilo,
de vientos, etapas y destinos...
A los excesos y a las faltas, al hambre, la sed y a la bolsa...
a las intolerancias y despistes, a los errores primitivos...
Tengo miedo, pero no de admitirlo.
lunes, 7 de agosto de 2017
¿Cómo se mide el talento?
Y ¿Cómo se mide el talento? Si es talento es relativo, si el talento está sujeto a medianos adjetivos, a opiniones y a dedos.
El talento es subjetivo, e indiferente al éxito.
No son pocos talentosos lo que mueren de descrédito,
ni pocos los inhábiles ricos en salud, dinero y amor.
Quizás a veces falta un poco de talento,
para aprovechar el talento. Para verle color, exento de calor, disfrutarlo y afrutarlo. Hablaba del rédito.
¿Y qué haría yo sin mí? deberían preguntarse algunos talentosos...
Quizás la manera de bien medirlo sea no dejar de mostrarlo. Sobre todo frente al espejo, que el talento agudo nunca se pone viejo, ni es difícil desatarlo.
Puede que algunos talentosos vivan de sus méritos.
Otros quizás ociosos, vivan decrépitos

El talento es subjetivo, e indiferente al éxito.
No son pocos talentosos lo que mueren de descrédito,
ni pocos los inhábiles ricos en salud, dinero y amor.
Quizás a veces falta un poco de talento,
para aprovechar el talento. Para verle color, exento de calor, disfrutarlo y afrutarlo. Hablaba del rédito.
¿Y qué haría yo sin mí? deberían preguntarse algunos talentosos...
Quizás la manera de bien medirlo sea no dejar de mostrarlo. Sobre todo frente al espejo, que el talento agudo nunca se pone viejo, ni es difícil desatarlo.
Puede que algunos talentosos vivan de sus méritos.
Otros quizás ociosos, vivan decrépitos
disfrutando de alucinaciones bajo retina
que no llegan ni a la esquina...
O a lo mejor el talento, no es tal,
y es un mero concepto que se percibe
como resultado del azar y del placer
de padecer lo que hay que ser,
de parecer, tener talento.
que no llegan ni a la esquina...
O a lo mejor el talento, no es tal,
y es un mero concepto que se percibe
como resultado del azar y del placer
de padecer lo que hay que ser,
de parecer, tener talento.
lunes, 24 de julio de 2017
Ni las prioridades ni la inteligencia se pueden impostar
Es cierto, pero parece que el mundo se sigue esforzando en balde.
Las prioridades no se pueden disimular, no se pueden impostar y no se deben negar.
El simple hecho de intentar disimularlas me parece insultante, no hay nada más ridículo que forzar un trato prioritario con alguien que no lo merece o divagar entre el debate eterno de trabajo, amigos o familia, la agenda y las obligaciones.
Todos somos egoístamente dignos, y -a lo que/a quien- dediques tiempo y buen humor, ten por seguro que no le importan tus esfuerzos interpretativos.
Seamos más sinceros. Simplemente prefieres estar en tu casa que en la de tu cuñada, prefieres estar con tus amigos y familia a los amigos y familia de tu pareja, prefieres tu barrio y tu ciudad a cualquier otro. Prefieres ver el canal que te gusta, en tu sofá preferido y con la marca de palomitas que te gusta. Esto es así y no hay nada de malo en ello.
No es necesario preguntar amablemente: cuál es el siguiente plan, cuando no quieres estar donde estás, no es necesario decir que te parece genial, que todo es bonito, y que te parece bien, porque absolutamente nadie va a dejar de percibir la realidad.
Dejad de esforzaros porque es imposible conseguirlo, sería como disimular ser inteligente cuando no lo eres.
De hecho lo único que consigues es que las personas que reciben esta falsa cordialidad, entren en el hábito de ser falsamente cordiales, lo que nos aleja de la realidad de las relaciones sociales.
La prioridad son las personas, no el quedar bien, son las aficiones y las cosas en las que has de invertir tiempo en soledad o compañía y no el hacer lo correcto o lo esperado.
Porque un: "Por supuesto me parece buena idea" no se acerca en nada a "Hostia puta vamos para allá ahora mismo, qué hay que llevar". Como no se parecen un: "hemos comido muy bien, el sitio me ha gustado" a un "joder estaba que te cagas, tengo que venir con... Menganita/o, con mis padres y con mi vecina, enserio, joder está que te cagas"...
No enmascaremos algo tan bonito como lo que supone ser prioridad para alguien, porque ni las agendas ni las personas lo necesitan.
Ni las prioridades ni la inteligencia se pueden impostar.
Así que vamos a dejar de esforzarnos en quedar bien y vamos a empezar a mirar en nuestro interior, qué poco necesitamos para estar mejor, qué compañías y hábitos nos hacen más felices y de qué podemos o no prescindir en nuestra vida.
Las prioridades no se pueden disimular, no se pueden impostar y no se deben negar.
El simple hecho de intentar disimularlas me parece insultante, no hay nada más ridículo que forzar un trato prioritario con alguien que no lo merece o divagar entre el debate eterno de trabajo, amigos o familia, la agenda y las obligaciones.
Todos somos egoístamente dignos, y -a lo que/a quien- dediques tiempo y buen humor, ten por seguro que no le importan tus esfuerzos interpretativos.
Seamos más sinceros. Simplemente prefieres estar en tu casa que en la de tu cuñada, prefieres estar con tus amigos y familia a los amigos y familia de tu pareja, prefieres tu barrio y tu ciudad a cualquier otro. Prefieres ver el canal que te gusta, en tu sofá preferido y con la marca de palomitas que te gusta. Esto es así y no hay nada de malo en ello.
No es necesario preguntar amablemente: cuál es el siguiente plan, cuando no quieres estar donde estás, no es necesario decir que te parece genial, que todo es bonito, y que te parece bien, porque absolutamente nadie va a dejar de percibir la realidad.
Dejad de esforzaros porque es imposible conseguirlo, sería como disimular ser inteligente cuando no lo eres.
De hecho lo único que consigues es que las personas que reciben esta falsa cordialidad, entren en el hábito de ser falsamente cordiales, lo que nos aleja de la realidad de las relaciones sociales.
La prioridad son las personas, no el quedar bien, son las aficiones y las cosas en las que has de invertir tiempo en soledad o compañía y no el hacer lo correcto o lo esperado.
Porque un: "Por supuesto me parece buena idea" no se acerca en nada a "Hostia puta vamos para allá ahora mismo, qué hay que llevar". Como no se parecen un: "hemos comido muy bien, el sitio me ha gustado" a un "joder estaba que te cagas, tengo que venir con... Menganita/o, con mis padres y con mi vecina, enserio, joder está que te cagas"...
No enmascaremos algo tan bonito como lo que supone ser prioridad para alguien, porque ni las agendas ni las personas lo necesitan.
Ni las prioridades ni la inteligencia se pueden impostar.
Así que vamos a dejar de esforzarnos en quedar bien y vamos a empezar a mirar en nuestro interior, qué poco necesitamos para estar mejor, qué compañías y hábitos nos hacen más felices y de qué podemos o no prescindir en nuestra vida.
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