Creo férreamente que:
Todos estamos locos, para mí la clave está en si tu locura contagia a los demás de felicidad o de preocupación.
Una locura puede generar un momento único, o un sufrimiento inigualable.
La locura es para el loco su lenguaje y su realidad.
Un momento inesperado.
De una manera romántica podemos hablar de esos locos, cuya mente se esconde en un laberinto de realidades, todas paralelas y llenas de certeza y de verdad inconexas entre sí.
Una fuerza, un giro y una dirección inesperadas.
El alma quizás sea la siguiente dimensión que todo lo une, lo hila y atraviesa, quizás salga a flote a través de los estratos, y sea la única referencia perpendicular al asunto. Digamos que es escurridiza y no se deja esconder fácilmente, como el jabón o la ausencia del mismo.
Recorramos los laberintos en línea recta, atravesando los setos, de manera inesperada.
La locura hace a mucha gente común desgraciada y a mucha gente acomún especial.
La locura hace tangibles algunos sueños que la cordura desconoce. A veces sí y aveces no, hace de catalizador entre las risas y una buena idea o entre un enigma y su solución.
Es una disolución de conciencia alterada por acertijos intransferibles, una vanidad desacertada o una escentricidad desacontecidamente mantenida en el tiempo.
¡Visitemos sinestesias antes de que nos vuelvan a cambiar los sentidos!
La locura puede ser una justificación de validez matemática para todo lo demás, es una interacción necesaria para poder ver todo lo que no es, todo lo que permanece oculto y es infinito.
La locura son algunas preocupaciones de muchos y el inmovilismo de todos.
Es de colores.
Culpable del desacuerdo entre los cuerdos y las cuerdas. La guerra y la falta de educación, respeto y humildad.
Cabalguemos entre el mal gusto y la susceptibilidad de manera inesperada.
La locura es una compañera incómoda de acomodar, pero merece la pena viajar con ella.
La locura es una de las principales características de lo locos. Lo digo para los despistados.
Los enamorados, soñadores, inventores, músicos y operarios de la construcción suelen tener altos los niveles.
La preparación biogenética de las cucarachas para sobrevivir es una locura desde luego.
El odio.
La locura es la sensación de entenderme cuando escribo. Bienvenido.
Las adicciones, son locuras tardías con mucha culpa de por medio.
Estoy en total disposición de hablar de locura, porque ella me ha dado permiso. Gracias a blogger también por facilitar la infraestructura.
Escuchar a Paco de Lucía.
Ponerle un nombre a un hijo que sirva de argumento a sus futuros compañeros de colegio para hacer humor fácil a bajo coste y esfuerzo, es una locura.
No sé, muchas cosas.
Hablar por hablar, sin importar los motivos y saltar de tema una y otra vez, repetir el mismo.
No estar dispuestos a sentirnos mal, por las cosas que hacemos mal.
Escribir una publicación por encima de sus posibilidades.
Nóminas de políticos, deportistas y aristócratas.
Burocracia.
No admitir las incoherencias propias, sobre todo las que vienen desde la pereza y el egoísmo.
También la venden en etiquetas.
No hacer deporte.
La locura es fácil de encontrar, en casi todos sus estadios y variantes, no importa la cultura, ni el carácter médico o social que tenga.
Siempre reside en la mirada. A veces, de él que mira.
Feliz Carnaval.
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sábado, 26 de septiembre de 2015
viernes, 25 de septiembre de 2015
Cosas curiosas
Es curioso como la realidad de algunas personas termina en el borde de su mando a distancia. Su opinión, sus intereses y su cotidianidad se funden con sensacionalismos, anuncios y datos de audiencia. Y es muy curioso que no nos demos cuenta justo sobre las cosas que nos quejamos, están puestas ahí para que las veamos y nos quejemos luego en el bar, la peluquería, en la mesa o el trabajo.
Es curioso que sigamos asociando ideologías, nivel educativo y comportamiento cívico a vestimenta, acentos y abalorios.
Es curioso la cantidad de animalistas que gastan su dinero en comprar una mascota preciosa con pedigrí o animales exóticos que pese a no estar adaptados a la vida doméstica cumplen con determinados antojos, y siguen teniendo una concepción de sí mismos como animalistas porque se escandalizan con los maltratos expuestos a través de redes sociales, prensa y televisión, aunque ni adoptan mascotas, ni acogen animales menos "agraciados" ni colaboran con protectoras... o simplemente anteponen su deseo a la libertad de un animal en su hábitat.
Alabo a los que si lo hacen, y los considero animalistas, aunque sigo pensando que su dinero podría ser mejor empleado en salvar vidas humanas, por ejemplo en África. Y es quizás sea el hombre el único animal que antepone a otras especies a la suya propia.
Dirá ésto, mucho bueno y malo sobre el hombre mismo.
Hablando de África es curioso como no hacemos simposios, ni estudios, ni importamos su sabiduría vital, su alegría y su distendida cotidianidad.
Preferimos coltán (haz clic para ver documental), diamantes, mano de obra...
Es curioso como nuestra realidad es fruto de lo que nos han enseñado, y cambiaríamos todo menos nuestra percepción de la realidad, o lo que es lo mismo, esa enseñanza impuesta.
Es curioso que sigamos asociando ideologías, nivel educativo y comportamiento cívico a vestimenta, acentos y abalorios.
Es curioso la cantidad de animalistas que gastan su dinero en comprar una mascota preciosa con pedigrí o animales exóticos que pese a no estar adaptados a la vida doméstica cumplen con determinados antojos, y siguen teniendo una concepción de sí mismos como animalistas porque se escandalizan con los maltratos expuestos a través de redes sociales, prensa y televisión, aunque ni adoptan mascotas, ni acogen animales menos "agraciados" ni colaboran con protectoras... o simplemente anteponen su deseo a la libertad de un animal en su hábitat.
Alabo a los que si lo hacen, y los considero animalistas, aunque sigo pensando que su dinero podría ser mejor empleado en salvar vidas humanas, por ejemplo en África. Y es quizás sea el hombre el único animal que antepone a otras especies a la suya propia.
Dirá ésto, mucho bueno y malo sobre el hombre mismo.
Hablando de África es curioso como no hacemos simposios, ni estudios, ni importamos su sabiduría vital, su alegría y su distendida cotidianidad.
Preferimos coltán (haz clic para ver documental), diamantes, mano de obra...
Es curioso como nuestra realidad es fruto de lo que nos han enseñado, y cambiaríamos todo menos nuestra percepción de la realidad, o lo que es lo mismo, esa enseñanza impuesta.
viernes, 11 de septiembre de 2015
¿Que la vida es sufrimiento? Sí ¿y qué?
¿Que la vida es sufrimiento? Sí ¿y qué?
Hay sufrimiento en la vida, pero eso no elimina todo lo demás.
La vida es sufrimiento y dolor, eso ya lo sabemos. Desconsiderar que la vida es también luz, sonrisas y superación no es justo ni representativo.
La vida es como el alpinismo. La escalada es dura, pero las vistas desde la cima no tienen precio. Tampoco tiene precio la sensación de mirar atrás y ver el recorrido, lo ascendido y lo aprendido en el ascenso.
No es cuestión de madurez, no es cuestión de resistencia, no es cuestión de cuestiones, enigmas ni acertijos.
Es cuestión de aprendizaje. De aprender y enseñar a los que nos rodean que la percepción de las cosas requiere de escala, de zoom, y de práctica.
La resiliencia se alimenta del ejercicio de relativizar según que cosas. Y se vuelve anémica rápidamente, en cuanto no trabaja.
¿Que la vida es sufrimiento? Sí ¿y qué?
Sólo después de estar sumidos en la más absoluta oscuridad, ven nuestras pupilas cualquier haz de luz rebotar entre la sombras más oscuras. Y es el contraste, el óleo mágico que engrasa la máquina de la percepción, de las vivencias, y lo único que aporta valor, con una relativa conciencia. Tranquila.
Pues nadie añora lo cercano, a nadie escama lo pasado, o sufre melancolía por el futuro. Detestamos el calor en verano, pero lo deseamos con morriña en invierno.
Por eso, sin sufrimiento ¿qué sería de la vida? Qué piedra angular, qué referencia o qué espejo donde mirarnos tendríamos.
El sufrimiento es la unidad de medida de la felicidad, es inherente a las personas.
Tanto es así, que en la ausencia de este, las propias personas lo generan, lo recrean y fuerzan e invocan su presencia. No es malo ni patológico, simplemente es la única forma de tener referencia, medir sus procesos y cerrar los ciclos cotidianos de la felicidad.
No me dirás que no eres uno de esos, ni que no te has buscado un problema sin tenerlo, que te lo has inventado cual rebelde sin causa o que has truncado momentáneamente tu vida porque se ha roto un vaso que resbaló de tus manos. No te preocupes, resopla si quieres, y siéntete en el inframundo, es normal, es una necesidad vital, es como el yin yang, es un entrenamiento vital con un resorte instintivo, como cuando dos pequeños leones juegan a morderse para aprender a cazar.
Es necesario sufrir para ser feliz, es necesario sentir ese sufrimiento y generar el contraste necesario para sentir la felicidad. Es un recorrido cíclico. Al que hay que estar dispuesto.
Sufrir es poner la felicidad en carga.
Hagamos un experimento:
1. Llena tres urnas con agua, una en el centro con agua tibia, una a la derecha con agua helada y una a la izquierda con agua muy caliente.
2. Mete tu mano derecha en la urna de la derecha y la mano izquierda en la urna de la izquierda.
3. Manténlas ahí durante 2 minutos.
4. Transcurrido el tiempo, mete las dos manos a la vez en la urna central, la que contiene agua tibia y analiza tus sensaciones.
Cien por cien seguro; salvo enfermedad grave; en tu mano derecha sentirás calor, y en la izquierda frío. Si te dejas llevar por lo que sientes en ese momento dirías que el agua: o está fría, o está caliente y que una de tus manos no funciona muy correctamente. Aunque tu cerebro sabe racionalmente que el agua esta tibia.
Dos sensaciones reales y ninguna se acerca a la realidad. Parece que la inmediatez y la certeza no caminan de la mano ¿No?.
Cualquier realidad esta condicionada por un estado, conocimiento o aprendizaje previo, expresándolo afines al pensamiento de Ortega y Gasset.
Lo rica que esta tu cena dependerá de lo que hayas comido previamente, de la cantidad, del tiempo que hace que no lo comías, de las veces que lo has comido y de la frecuencia con la que lo comes. Parece difícil saber realmente lo bien preparada que está tu cena ¿no?. Digamos que aunque sea perfecta, depende.
Es mucho más fácil sentirte solo cuando estás habitualmente en compañía, y es mucho más fácil sentirte acompañado cuando estás habitualmente solo.
El deporte cansa mucho más cuando no lo practicas, a veces en cuanto dejas de sentir calor, sientes frío y tu canción preferida pronto dejará de serlo si la sigues escuchando. Atendamos a las paradojas.
También sucede con el cariño.
Con el sufrimiento ocurre igual. Al final todo depende de la medida, del equilibrio, ocurre como con los personajes antagónicos. Tan opuestos son, que se definen entre sí, por exclusión.
Aborrecimiento, otro concepto interesante a la hora de percibir la realidad.
Y seguramente pese a que tu vida se derrumbre cuando te partes una uña, no lo hará cuando suene el teléfono para darte una de esas noticias tóxicas y realmente nocivas que rozan el colapso, hablemos de salud, de accidentes o de personas queridas.
Digamos que estamos a la altura de las circunstacias, aunque sea de manera incosciente. Digamos que es el sufrimiento el que narra de manera omnisciente desde donde partimos y cuanto más tengamos avanzado en este desagradable camino, más lejos podremos llegar.
Es así. A mayor sufrimiento mayor capacidad para ser feliz, menos necesidad de necesitar, y menos despistes y tropiezos hacía el auto boicot costumbrista.
Hay que educar, hay que aprender a gestionar el sufrimiento, porque nos guste más o menos, forma parte de la vida, porque da sentido a lo demás y nos ayuda a valorar y a dar valor.
Tenlo claro. Gracias al sufrimiento soy lo que soy. Sin el sufrimiento no soy más que un cúmulo de frustraciones injustificadas, sin el sufrimiento viviríamos en un desequilibrio apático, como el que vive un hijo tirano, nacido de un mal consentimiento sostenido en el tiempo, por unos padres no cualificados.
Repite conmigo:
¿Que la vida es sufrimiento? Sí ¿y qué?
Hay sufrimiento en la vida, pero eso no elimina todo lo demás.
La vida es sufrimiento y dolor, eso ya lo sabemos. Desconsiderar que la vida es también luz, sonrisas y superación no es justo ni representativo.
La vida es como el alpinismo. La escalada es dura, pero las vistas desde la cima no tienen precio. Tampoco tiene precio la sensación de mirar atrás y ver el recorrido, lo ascendido y lo aprendido en el ascenso.
No es cuestión de madurez, no es cuestión de resistencia, no es cuestión de cuestiones, enigmas ni acertijos.
Es cuestión de aprendizaje. De aprender y enseñar a los que nos rodean que la percepción de las cosas requiere de escala, de zoom, y de práctica.
La resiliencia se alimenta del ejercicio de relativizar según que cosas. Y se vuelve anémica rápidamente, en cuanto no trabaja.
¿Que la vida es sufrimiento? Sí ¿y qué?
Sólo después de estar sumidos en la más absoluta oscuridad, ven nuestras pupilas cualquier haz de luz rebotar entre la sombras más oscuras. Y es el contraste, el óleo mágico que engrasa la máquina de la percepción, de las vivencias, y lo único que aporta valor, con una relativa conciencia. Tranquila.
Pues nadie añora lo cercano, a nadie escama lo pasado, o sufre melancolía por el futuro. Detestamos el calor en verano, pero lo deseamos con morriña en invierno.
Por eso, sin sufrimiento ¿qué sería de la vida? Qué piedra angular, qué referencia o qué espejo donde mirarnos tendríamos.
El sufrimiento es la unidad de medida de la felicidad, es inherente a las personas.
Tanto es así, que en la ausencia de este, las propias personas lo generan, lo recrean y fuerzan e invocan su presencia. No es malo ni patológico, simplemente es la única forma de tener referencia, medir sus procesos y cerrar los ciclos cotidianos de la felicidad.
No me dirás que no eres uno de esos, ni que no te has buscado un problema sin tenerlo, que te lo has inventado cual rebelde sin causa o que has truncado momentáneamente tu vida porque se ha roto un vaso que resbaló de tus manos. No te preocupes, resopla si quieres, y siéntete en el inframundo, es normal, es una necesidad vital, es como el yin yang, es un entrenamiento vital con un resorte instintivo, como cuando dos pequeños leones juegan a morderse para aprender a cazar.
Es necesario sufrir para ser feliz, es necesario sentir ese sufrimiento y generar el contraste necesario para sentir la felicidad. Es un recorrido cíclico. Al que hay que estar dispuesto.
Sufrir es poner la felicidad en carga.
Hagamos un experimento:
1. Llena tres urnas con agua, una en el centro con agua tibia, una a la derecha con agua helada y una a la izquierda con agua muy caliente.
2. Mete tu mano derecha en la urna de la derecha y la mano izquierda en la urna de la izquierda.
3. Manténlas ahí durante 2 minutos.
4. Transcurrido el tiempo, mete las dos manos a la vez en la urna central, la que contiene agua tibia y analiza tus sensaciones.
Cien por cien seguro; salvo enfermedad grave; en tu mano derecha sentirás calor, y en la izquierda frío. Si te dejas llevar por lo que sientes en ese momento dirías que el agua: o está fría, o está caliente y que una de tus manos no funciona muy correctamente. Aunque tu cerebro sabe racionalmente que el agua esta tibia.
Dos sensaciones reales y ninguna se acerca a la realidad. Parece que la inmediatez y la certeza no caminan de la mano ¿No?.
Cualquier realidad esta condicionada por un estado, conocimiento o aprendizaje previo, expresándolo afines al pensamiento de Ortega y Gasset.
Lo rica que esta tu cena dependerá de lo que hayas comido previamente, de la cantidad, del tiempo que hace que no lo comías, de las veces que lo has comido y de la frecuencia con la que lo comes. Parece difícil saber realmente lo bien preparada que está tu cena ¿no?. Digamos que aunque sea perfecta, depende.
Es mucho más fácil sentirte solo cuando estás habitualmente en compañía, y es mucho más fácil sentirte acompañado cuando estás habitualmente solo.
El deporte cansa mucho más cuando no lo practicas, a veces en cuanto dejas de sentir calor, sientes frío y tu canción preferida pronto dejará de serlo si la sigues escuchando. Atendamos a las paradojas.
También sucede con el cariño.
Con el sufrimiento ocurre igual. Al final todo depende de la medida, del equilibrio, ocurre como con los personajes antagónicos. Tan opuestos son, que se definen entre sí, por exclusión.
Aborrecimiento, otro concepto interesante a la hora de percibir la realidad.
Y seguramente pese a que tu vida se derrumbre cuando te partes una uña, no lo hará cuando suene el teléfono para darte una de esas noticias tóxicas y realmente nocivas que rozan el colapso, hablemos de salud, de accidentes o de personas queridas.
Digamos que estamos a la altura de las circunstacias, aunque sea de manera incosciente. Digamos que es el sufrimiento el que narra de manera omnisciente desde donde partimos y cuanto más tengamos avanzado en este desagradable camino, más lejos podremos llegar.
Es así. A mayor sufrimiento mayor capacidad para ser feliz, menos necesidad de necesitar, y menos despistes y tropiezos hacía el auto boicot costumbrista.
Hay que educar, hay que aprender a gestionar el sufrimiento, porque nos guste más o menos, forma parte de la vida, porque da sentido a lo demás y nos ayuda a valorar y a dar valor.
Tenlo claro. Gracias al sufrimiento soy lo que soy. Sin el sufrimiento no soy más que un cúmulo de frustraciones injustificadas, sin el sufrimiento viviríamos en un desequilibrio apático, como el que vive un hijo tirano, nacido de un mal consentimiento sostenido en el tiempo, por unos padres no cualificados.
Repite conmigo:
¿Que la vida es sufrimiento? Sí ¿y qué?
lunes, 31 de agosto de 2015
Huellas vitales.
Una huella vital es, todas y cada una de la experiencias que nos hacen plantearnos nuestra posición ante la vida, esas experiencias de las que es imposible salir sin una marca.
Una marca vital es una señal que te recuerda que los envoltorios nuevos se degradan fácilmente, y te ayuda a encontrar la belleza de los pequeños roces y desperfectos acumulados en el camino.
Una pisada. Y una tras otra que fabrican un rastro vital, una pista a los que quieren seguir tu rumbo, una estela que graba un surco en el alma, con el paso como unidad de medida y a la vez como gubia. Siendo la magnitud y el útil, la misma cosa en este caso.
Una impresión vital, algo parecido a una imprimación de la vida en los seres vivos. De calidad media, en escala de grises recuerdos, con la sombra de los indicios y el difumino de la memoria.
Una traza vital, rodada por la evocación de los estigmas y la remenbranza de las alusiones.
Una senda vital, resto del carril por el que confluyen el devenir junto a lo acontecido, colapsada por un tráfico sin tregua o suspiro.
Un tatuaje vital con tinta de cicatriz, indicio de la personalidad diferenciadora y de la necesidad de autodefinición. Tonos ocres y sanguina.
Una mención, reseñando la vida de los vivos y la muerte de muertos, sin saber de manera muy exacta que saben los unos de los otros, ni los otros de los unos, ni de Atila,
El sedimento de los vestigios del "yo", cuando sólo queda el resto y decides echarlo, decides ser "tú" y todas las huellas conforman un aura reconocible para los demás y también para ti.
Las huellas vitales restan energía a cambio de conocimiento, parece un trueque justo, un digno intercambio. Un signo de sabiduría y anhelo.
Una marca vital es una señal que te recuerda que los envoltorios nuevos se degradan fácilmente, y te ayuda a encontrar la belleza de los pequeños roces y desperfectos acumulados en el camino.
Una pisada. Y una tras otra que fabrican un rastro vital, una pista a los que quieren seguir tu rumbo, una estela que graba un surco en el alma, con el paso como unidad de medida y a la vez como gubia. Siendo la magnitud y el útil, la misma cosa en este caso.
Una impresión vital, algo parecido a una imprimación de la vida en los seres vivos. De calidad media, en escala de grises recuerdos, con la sombra de los indicios y el difumino de la memoria.
Una traza vital, rodada por la evocación de los estigmas y la remenbranza de las alusiones.
Una senda vital, resto del carril por el que confluyen el devenir junto a lo acontecido, colapsada por un tráfico sin tregua o suspiro.
Un tatuaje vital con tinta de cicatriz, indicio de la personalidad diferenciadora y de la necesidad de autodefinición. Tonos ocres y sanguina.
Una mención, reseñando la vida de los vivos y la muerte de muertos, sin saber de manera muy exacta que saben los unos de los otros, ni los otros de los unos, ni de Atila,
El sedimento de los vestigios del "yo", cuando sólo queda el resto y decides echarlo, decides ser "tú" y todas las huellas conforman un aura reconocible para los demás y también para ti.
Las huellas vitales restan energía a cambio de conocimiento, parece un trueque justo, un digno intercambio. Un signo de sabiduría y anhelo.
viernes, 21 de agosto de 2015
La libertad de las lineas difusas.
Siempre encontré que la libertad y la felicidad son indisolubles. Caminan de la mano dejando un leve espacio de aire que actúe de termostato, así evitan la fusión y la fisión y que se pierda la identidad de cada palabra.
La felicidad para mí son esas lineas difusas, las que separan el arte de la magia, el trabajo del ocio, o el amor de la pasión. No saber claramente a quién quieres ni para qué, a qué te dedicas ni durante cuanto tiempo.
Desdibujo mis compartimentos más estancos como el rastro de las olas en la arena, sabes perfectamente donde están pero no donde empiezan ni donde terminan.
Esas lineas difusas me ayudan a tolerar desde la más desconocida amistad al cariño emérito, me ayudan a realmente saber mucho sobre casi nada y a mantener una buena percepción, que no apariencia.
Me encantan esas lineas difusas, llenas de aliento, con tinte de futuro añejo, esas lineas que clasifican historias según se cuenten o según se van viviendo. Esos depende que desprenden "un por supuesto que sí, si..."
Sin dos trazos iguales pero en la misma dirección, tiendo un puente a la libertad de la lineas difusas, a los claroscuros y sfumatos y a lo efímero del saco.
La felicidad para mí son esas lineas difusas, las que separan el arte de la magia, el trabajo del ocio, o el amor de la pasión. No saber claramente a quién quieres ni para qué, a qué te dedicas ni durante cuanto tiempo.
Desdibujo mis compartimentos más estancos como el rastro de las olas en la arena, sabes perfectamente donde están pero no donde empiezan ni donde terminan.
Esas lineas difusas me ayudan a tolerar desde la más desconocida amistad al cariño emérito, me ayudan a realmente saber mucho sobre casi nada y a mantener una buena percepción, que no apariencia.
Me encantan esas lineas difusas, llenas de aliento, con tinte de futuro añejo, esas lineas que clasifican historias según se cuenten o según se van viviendo. Esos depende que desprenden "un por supuesto que sí, si..."
Sin dos trazos iguales pero en la misma dirección, tiendo un puente a la libertad de la lineas difusas, a los claroscuros y sfumatos y a lo efímero del saco.
martes, 14 de julio de 2015
Desarraigo sostenido. A mis amigos emigrados, a la sociedad en general.
Elocuentes personajes enamorados de
épocas pasadas, sin tarifa de conversión a la más actual de las realidades. Los
únicos pobres, románticos y desarmados luchadores pensantes, vetados por la
muralla de la distancia. Una muralla que cada día y con la escusa de la
circunstancia, construyen más y más alta.
Así vivimos. Echo de
menos más momentos vividos con las otras partes de mí exiliadas por la
estrategia del mercado, al parecer el desarraigo, cotiza muy alto en bolsa, y
preferimos la bolsa a la cesta.
Las otras partes de
mí, que viven en Alemania, en Mallorca, en Suiza, Arabia Saudí, Irlanda, Escocia... claman al cielo
subrayando la injusticia de ser y no poder estar. Partes de mi realidad que
siento cada vez más eliminadas por menos casual casuística.
Ni siquiera la visita
es justa para rehacer el puzle, pues la mayoría de las veces, la realidad que
queda aquí yace dispersa, inconexa por una esclavitud de la gran mayoría que
sustenta el aforamiento de algunos.
Somos pobres, pero no
por pobres sino por esclavos. Esa es la realidad, somos esclavos, o neoesclavos
si lo preferís. Y sin menospreciar la esclavitud histórica, la nuestra, la
cotidiana crece en grados de manera exponencial cada día.
Trabajar para 55
horas semanales y cotizar 18, o que los gastos de electricidad, agua, vivienda,
e impuestos supongan el 80% de tu vida y que con el otro 20% tengas que
intentar comer, vivir y calzarte, son un buen ejemplo. Permítamente que me
invente estos datos, seguro que entienden a lo que me refiero.
Esclavos del NO OCIO
impuesto por los excesos de una impune minoría. Esclavos de este antisistema, esclavos
del capitalismo, y de los poderes fácticos, políticos y financieros. Esclavos
de sólo poder decidir como volver a casa antes del desahucio, andando o en
bicicleta. Hablo del desahucio físico porque el moral ya hace tiempo que quedó
acreditado. Esclavos de la agónica ansiedad al no disfrutar del mejor teléfono
móvil del mercado, las mejores zapatillas de runnnig y la mejor casa con jardín,
del mejor coche y la mejor moto. Esclavos de la necesidad, en todas sus
acepciones.
Somos pobres, pero no
por pobres, sino por esclavos.
Disfrutar de los
sueños sin tomar decisiones rara vez los hace realidad. Y así vamos, soñando y
tolerando un desarraigo sostenido por mandato ajeno. Perdiendo posiblemente lo
mejor de la vida, vivirla acompañado de la gente que queremos.
Esa es la única
libertad que no puede dejar de merecer la pena.
jueves, 18 de junio de 2015
Vivir bien.
Vivir bien consiste simplemente en tener claro algunas estrategias vitales y repetírtelas a ti mismo de forma mantenida en el tiempo, hasta que formen parte de un Tantra o una especie de compañero consejo.
Yo sin más mérito que el de haber vivido lo que he vivido y aprendido lo cual, tengo los míos propios, mis pequeños Tantras que me acompañen cada día y me ayudan a construir futuro o un proyecto de presente. Los comparto si queréis, aunque necesariamente no tienen porque seros de utilidad. Lo ideal sin duda, es que cada uno se invente sus certezas, así es mucho más fácil de creer en ellas.
Suelen estar inspirados en pequeños poemas, pequeñas vivencias o en subconcientes robos a otros pensadores. La verdad, es que se convierten en insistentes cantinelas que hacen de pesado bastón para no tropezar. Algunas pueden ser de los siguientes formatos:
Si me señalas te obvio,
Perdono pero no olvido,
bosteza o suspira y te copio,
Si me odias, buen viaje
Si me amas correspondo.
La mejor manera de conocer a alguien sin duda es escucharla hablar de otra persona, siempre dirá más de sí misma que de la persona a la que describe.
Los cambios por drásticos que se presenten, suelen ser a mejor.
No puedes elegir las cosas que te van a pasar, lo que sí puedes elegir es cómo reaccionar ante ellas, nunca, absolutamente nunca, merece la pena reaccionar demasiado.
Decir lo que realmente piensas, de una manera correcta y de una forma educada es una actividad poco valorada por los demás, incluso puede llegar a resultar desagradable. Pero si la mantienes en el tiempo la gente te valorará por ello.
La mayoría de las veces el desinterés mostrado proviene de un exceso de interés anterior. Lo que me lleva a enunciar que el interés ocasiona desinterés y viceversa.
Cuando tengas dudas respecto de cómo eres y si haces lo correcto, mira a quien tienes alrededor, Si ves la compañía que te gustaría mantener sigue adelante. Por simple y lógica estadística, mantener a buenas personas junto a ti, no se consigue tratándolas de la manera equivocada. Y evidentemente viceversa.
No necesitar es la clave de la riqueza.
Seguramente faltan algunos más, pero seguramente los que están deben de estar. Cuando no tengo el mejor de los días, se plantean dudas inesperadas o circunstancias poco apetecibles, me los repito y siento el alivio de la coherencia, Y aunque siempre digo que la verdad es un estado de ánimo, hay que tener la precaución de escribir tus verdades cuando te sientes pleno, alegre y estable. Así cuando varíe tu ánimo no hará tu verdad.
Éste, creo que es el gran secreto para reaccionar con la mejor versión de ti mismo aún sin estar en esa versión.
martes, 9 de junio de 2015
Casi soneto y los oto y los de toas partes.
No siempre el amor sale ganando,
en algunas ocasiones, lo hace la agenda,
o un despiste mantenido en el tiempo.
Las ganas se editan con carácter puntual,
los detalles se utilizan como salvoconducto
y los grandes polvos como fianza.
La esperanza sí gana, gana siempre,
aunque fracase, siempre vale la pena perder,
hasta que el viento arranque la bandera
y con un poco de suerte los himnos.
Se trata más de invertir recursos, que
de quemar cartuchos, de pescaíto frito,
Tomar conciencia antes, si es posible,
de que la conciencia de tome a tí.
martes, 2 de junio de 2015
Un mueble sin cajón.
Buscando con la intensidad del viento, arenas que barrer,
apuesta fija hacia el desierto, para no perder,
aliento al pulmón cuando resople al ver,
que no somos tu y yo, no sé quién puede ser.
Como un mueble sin cajón, jugando al guiño,
al que rebuscan los niños,
que quieren aprender, a descubrir...
Es un mando sin galón,
y sin botones, harto de confundir comparaciones,
con motivos pa' querer.
Y es que es verdad que pataleo entre algodones,
y son versos complicaciones, en los que dormir,
y que más da, no importa nada, si te sirve de almohada,
toma esta voz y la emoción...
... Como un muelle, una estación a despedida,
sabe casi a homenaje,
de lo que pudo ser y no será,
Canto a la desesperación más desmedida,
ya no se si creer,
que pueda volver, a caminar,
volver a ser, quiero crecer,
volver amar.
apuesta fija hacia el desierto, para no perder,
aliento al pulmón cuando resople al ver,
que no somos tu y yo, no sé quién puede ser.
Como un mueble sin cajón, jugando al guiño,
al que rebuscan los niños,
que quieren aprender, a descubrir...
Es un mando sin galón,
y sin botones, harto de confundir comparaciones,
con motivos pa' querer.
Y es que es verdad que pataleo entre algodones,
y son versos complicaciones, en los que dormir,
y que más da, no importa nada, si te sirve de almohada,
toma esta voz y la emoción...
... Como un muelle, una estación a despedida,
sabe casi a homenaje,
de lo que pudo ser y no será,
Canto a la desesperación más desmedida,
ya no se si creer,
que pueda volver, a caminar,
volver a ser, quiero crecer,
volver amar.
domingo, 31 de mayo de 2015
Casi todos los días
Casi todos los días me levanto,
casi todos los días abro una ventana
respiro el aire fresco
e intento disfrutar de la esperanza que no está.
Tengo anhelos como todo el mundo
aunque realmente no tengo necesidades,
sobre todo me preocupa el ánimo
que desde hace mucho afecta a mis verdades.
Aun cuando susurra me doy cuenta
de que me quedan mis labios carnosos
inflamados a base besos rotos.
Nunca te quedas amor. Astillas maestras.
Casi todos los días me reflejo
en las grietas de un espejo.
Mientras, como casi todos,
espero esa llamada que dejándolo igual
lo cambie todo.
Casi todos los días no sufro pero lloro,
Sin lágrimas, pero con estrías,
de sacar y colocar la piel de lobo.
Disfrazo risas si me sonrojo,
sin mas visa que el despojo
de un lento reciclar,
así la compré creí,
pero en realidad me estaba alquilando.
Casi todos los días descubro algo,
nuevo o viejo, un amor o un desarraigo,
de vuelta de la cima siempre es cuesta abajo,
soplo a la veleta, marchito marcho,
marco rumbo nuevo y parto.
Casi todos los días reparto
un trozo y me pregunto,
si de mí aún queda algo.
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